jueves, 31 de marzo de 2011

Crisis

Ayyy, España, hogar de tantos hogares, ¡que estás en crisis!

Desde aquí quiero enviar una pequeña contribución partidista que ayude a esclarecer la situación. Un hálito quesero que nos dé esperanza. Se trata de un recorrido a través de tres situaciones de ejemplo que dibujan groseramente (sobre todo groseramente) una nueva perspectiva sobre esta nuestra situación de crisis actual. La idea es que a lo mejor nos va tan mal porque nos estamos volviendo todos gilipollas (y el primero, el que suscribe). El argumento de fondo es sólido al 35%.

Ejemplo 1.

Richard Chamber Lavín es un emprendedor de mediana edad y diputado por Santander que un buen día decide que es el momento de usar sus ahorrillos, fruto del esfuerzo prolongado en el tiempo y en el espacio, para realizar una inversión. Realizar una inversión, entre Algeciras y Finisterre -y con perdón de los canarios- significa comprar una casa. Y ahí va el tío. Busca en Internet y encuentra un chollazo de adosado a 20 minutos de la playa. Promociones Tor se llama la inmobiliaria. Buenas referencias.

Días y trámites más tarde ya tiene su hipoteca en propiedad, si se me permite la expresión, y allí que se muda a disfrutar del lejano olor de la costa con su mujer, su perro y el que sospecha que es su niño (no, no está seguro, pero es irrelevante para el caso que nos ocupa).

Pero cual no será su sorpresa cuando el supuesto niño, como a él le gusta llamarlo, la mujer y él mismo reciben un buen día una carta de Promociones Tor que reza así:

[…] solicitamos su consentimiento para ceder SU CASA [...] a las siguientes empresas del Grupo Tor, las cuales tienen por objeto la realización de las actividades relacionadas en el primer párrafo de esta carta [....]

En el supuesto de que Usted no desee que procedamos a esta cesión de SU CASA, podrá comunicárnoslo llamando al teléfono gratuito [...] o enviándonos un correo electrónico a nuestra dirección de correo respuesta (sic) [...]

Si, transcurridos 30 días desde la recepción de esta carta, no nos manifiesta su oposición a esta cesión de SU CASA por los medios indicados en el párrafo anterior, entenderemos que nos otorga su consentimiento para llevarla a cabo en favor de las empresas enunciadas anteriormente y para los fines asimismo descritos en la presente carta. [...]

Abstraído en tan inquietante lectura, Richard no escucha el sonido del timbre.

—Richard, la puerta —dice el supuesto niño.

—No me llames Richard, que se supone que soy tu padre —responde Richard.

Entre el enfado y el aturdimiento camina lenta y pesadamente hacia la puerta. "A estas horas", se dice, "un jueves por la mañana. La gente no respeta nada". Rechinando los dientes -costumbre cántabra de orígenes inciertos- entreabre la puerta. Antes de que pueda siquiera plantearse evitarlo, alguien la abre de una patada desde el otro lado.

—Ya nos estamos yendo, maestro -dice el hombre vestido de azul recién interrupto en el hogar.

—¿Cómor? —responde Richard tensando los músculos.

—Lo que oye, pa’fuera. Esta casa ahora es propiedad de Promociones Tor, y tú y estos ya me estáis sobrando.

—Pero lo carta…

—Pero la carta —dice el hombre de azul en tono de burla-. La carta llegó hace un mes y un día. El que no la haya leído tiempo ha tenido.

—Pero si me la acaba de dar mi supuesto niñ…. —Joío niño, piensa al instante para sus adentros. Qué condena.

Y ahí salen los tres, Richard, su mujer y el supuesto niño, con una mano delante y otra detrás, camino al incierto mundo de la calle cántabra…

Moraleja:

Qué poquito vale la propiedad en este mundo. Uno piensa que no hay nada que sea más de uno, más suyo, que su casa. Bueno, sí, su nombre quizá. Ni eso, ya. ¿Que no? Ofrezco como prueba la siguiente carta de Emasagra, recibida hará cosa de un mes [ups!]

Documentación:


[Para los torpes… Donde pone "sus datos" sustituir libremente por "su casa", "su perro", "su chándal de cuando salía a la puerta de chiquitillo a jugar al fútbol", etc.]

Ejemplo 2.

Francisco Rete de las Orejas ha descubierto que su lugar en este mundo está en Torrefístula del Nabo, provincia de Cáceres. Ahí enjugó su infancia y ahí es donde él se encuentra feliz, dichoso estrictamente hablando. El único problemilla es que no tiene donde quedarse. Busca una casa pero nadie quiere vender (como para vender una inversión así a la ligera), y los alquileres están por las nubes. Decide pues, como tantos, que para lo que tendría que pagar de alquilé, que le construyan una casa, que le va a salir por lo mismo y encima es suya, y decide contactar con Torrefistulana de Construcciones.

En ese idioma peculiar de los torrefistulanos, las palabras del responsable de la inmobiliaria suenan a gloria:

—Usted me va dejando aquí una buena parte de lo que gana todos los meses, buen hombre, y en unos meses tiene su casa finiquitada; que vamos, la envidia de Europa. Y usted en lo más alto, gozando. Le hago hasta los armarios empotrados, por mis muertos.

Esta última blasfemia, innecesaria desde todo punto de vista —opina Francisco para sí—, le hace despertar de su sueño. Es tarde. Ya lo ha visto: las dulces palabras del constructor han enardecido sus ensoñaciones. Efectivamente, allí se ha visto, lejano y egregio sobre sus desdeñosos vecinos, contemplando como se pierde el horizonte por los maltratados campos extremeños.

—Y ya los quisieran en Cataluña —dice en voz alta.

—¿Dice usted? —se sorprende el constructor.

—¿Eh? No, que nada. Que me ha convencido. Vaya que si me ha convencido. Vamos, que ahora mismo le suelto el primer plazo. ¿Cuánto es?

—Tropecientos.

—Como estos.

Y se va Francisco Rete de la Oreja de vuelta a sus tierras de adopción (Vilanova i la Gtroup). Allí pasan húmedos meses costeros, pero Francisco sigue sin noticias de su inmobiliaria. "Corta es la espera..." se dice esperanzado. Pero la desesperación se le va colando por las entrañas y un buen día, ya ávido, decide pegarse un fin de semana en Torresfistula del Nabo para ver cómo van las obras de su obra y también, por qué no, para ver cómo andan esos traviesos vecinos que tantos ratos inolvidables le han hecho pasar.

Cuando llega, el pueblo es una fiesta. “¿Será por mí?” se dice. Y las palabras resuenan en su cabeza con voz infantil; con su voz, de hecho, la de aquella vez lejana, cuando vio a sus padres pelearse amorosamente en el sofá. Pronto se da cuenta de que, esta vez, tampoco es por él.

En el centro del pueblo, en lugar de su casa, se levanta un edificio de tres plantas de construcción confusa. En lo más alto del edificio, una descomunal pancarta anuncia la escena: “Los pisos de 20 metros que necesitaba Torrefístula [“del Nabo", en letras pequeñas], gracias a Torrefistulana de Construcciones”.

Abajo la escena propiamente es la siguiente: el responsable de la inmobiliaria, el mismo que puntualmente recibía un porcentaje amplio de su propio sueldo, inaugura un edificio donde supuestamente iba a construir su casa.

—Y por eso os pido que confiéis en Torrefistulana de Construcciones. Más grande, más alto, mucho mejor.

Aplausos.

Indignado se acerca a escucharlo de cerca. Entre la multitud, dos vecinos traviesos le cortan el paso.

—Esto es mu bueno para el pueblo -dice el de la derecha.

—A ver, cuando le pongan las tuberías, las ventanas, las puertas y lo otro, a ver, si esto trajera gente joven, europeos y eso.

Moraleja:

Qué cuidado no habrá que tener con dónde pone uno los dineros y a quién se le dejan. Y qué fácil es que a uno lo tomen luego por tonto encima (Francisco acabó comprándose un piso de 20 m).

Documentación:

http://www.elpais.com/articulo/Comunidad/Valenciana/prisas/electorales/llevan/inauguracion/aeropuertos/elpepiespval/20110321elpval_7/Tes


Ejemplo 3.

Corría una primavera de un año próximo. La familia Pipas Peláez llevaba un tiempo viviendo sin vivir en sí, como se dice. Su hijo el menor, el más inconsciente de una familia de idiotas, se fue un día a la discoteca a las tres de la mañana y no se le ocurrió otra que darle una paliza de las de "despiértate o amorrínate" al portero de la susodicha discoteca, quien, supuesta y nocturnamente, le habría estado “sobando el culo de arriba abajo y de abajo arriba a mi hermana” en palabras del acusado. El juicio subsiguiente le había resultado favorable al idiota. Pero la calle es un juez que no perdona fácilmente y, en los meses que siguieron a la agresión, el ambiente en el pueblo se volvió tan asfixiante para los Pipas Peláez que hasta un idiota se habría sentido incómodo.

—No podemos seguir así —le decía el cabeza de la familia Pipas a su familia-. No puede ser que por esta cabeza loca de mi niño estemos así, todo el día. Hasta en el súper me amenazan. ¡Me amenanzaaan! -dice prolongando innecesariamente las vocales.

—Papa —dice su hijo mayor—. Mira, me han dicho los primos del chaval que si vamos a hablar con ellos y negociamos, que lo mismo nos perdonan y podemos vivir tranquilos.

—¿Hablar con esos? Ni de coña. Con lo enrevesados que son esos. ¿Y hablar quién? ¿Tú?

—Pues sí, yo, papa. Reconócelo, soy el menos idiota de la familia. Y además, que eso, que a lo mejor si negociamos se acaba esto antes.

El padre no lo ve claro. Y lo dice: “No lo veo claro”. Su mirada torva corrobora sus palabras. Es una mirada característica, muy suya, muy de los Pipas Peláez, en realidad. Como nadie lo ve claro, deciden someterlo a votación y, finalmente, se decide que el hijo mayor de los Pipas Peláez, el menos idiota de todos ellos, vaya con los primos del de la paliza a negociar, para a ver si así los dejan ya tranquilos en el pueblo.

Meses más tarde, el cabeza de la familia Pipas, en una iluminación arrebatada, recuerda toda la historia y le pregunta a su niño el mayor:

—Niño, ¿qué pasó con lo de la negociación? ¿Negociaste bien? ¿Regular ná más, no?

—No, papa. Negocié bien, pero son unos mierdas.

—¿Que negociaste bien? ¿Y qué les ofreciste, a ver? -pregunta el padre con soportable indignación.

—Les dije que, si nos dejaban tranquilos, que el Undiano Mallenco [pseudónimo] podía sobar a mi hermana cuando le diera la gana, si ella se dejaba.

—¿Que les ofreciste qué? Me cago en tó tu…

Y se levanta con ademán violento.

Moraleja:

Si vas a negociar, cuidaico con negociar. A las primeras de cambio te ves cambiando unas cosas por otras…

Ejemplo:

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/30/opinion/1301501973.html

[La de recetas que sabe este hombre]


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada